Círculos

"Es bueno que las vidas tengan varios círculos, pero la mia, mi vida, solo ha dado la vuelta una vez, y no del todo, falta lo más importante. He escrito tantas veces su nombre dentro. Y aquí, ahora mismo, no puedo cerrar nada. Estoy solo" (Otto - Los amantes del Cículo Polar).

Todo lo bueno, antes o después, y frecuentemente sin preaviso, se acaba. Todo lo bueno se acaba. Cuando vemos que llega el final, nos odiamos a nosotros mismos, y la sensación de no haber aprovechado más "lo bueno" nos carcome por dentro de manera sangrienta.


Las vacaciones, por ejemplo, se terminan, pero sabes que cada mes de junio te estarán esperando puntualmente junto a su amigo el verano.

Pero es más violenta la sacudida cuando todo lo bueno de tu vida se termina, y sabes que ya no volverá. Entonces miras las fotos, escuhas las canciones, y te martirizas entre los recuerdos sólidos que te quedan, sólo piensas en los saltos que diste a través de los años, en los inviernos que parecían primaveras, y en los otoños carentes de lluvia. Cada estación cerraba un ciclo y cada ciclo cerraba un círculo, que no era ni el polar ni tampoco el de lectores, era el de tu propia vida. El batido que compartías con dos pajitas se termina y "lo bueno" simplemente se esfuma, igual que los hielos de aquel dulce batido.



A mí me pasa lo mismo que a mi compañero, al que ya conoceréis, Otto. Mi vida sólo ha dado la vuelta una vez, y no del todo, falta lo más importante. Por casualidad, todo lo bueno de mi vida comenzó un día 15, y también terminó un día 15, así que supongo que, inexplicablemente, ése es el único círculo que ya está cerrado.

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