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El cinco es el número natural que sigue al cuatro y precede al seis. En la numeración romana se representa con una V. Es el tercer número primo, después del 3 y antes del 7. Además, el 5 es el segundo número primo de Fermat (n=1), después del 3 y antes del 17. Es el quinto término de la sucesión de Fibonacci, después del 3 y antes del 8. El polígono de 5 lados recibe el nombre de pentágono. El pentágono regular tiene algunas propiedades curiosas conocidas por los antiguos griegos: por ejemplo, la razón entre la longitud de su diagonal y la longitud de su lado es el número de oro.

Las personas que persiguen éste número son curiosos, egoístas y de espíritu inquieto. Para el cinco vivir es una aventura apasionante; todo lo que le rodea es digno de ser analizado y observado para sacar conclusiones que podrían llegar a aportar datos aún no conocidos. Esta tendencia obedece a que, en el fondo, al 5 no le bastan las explicaciones superficiales; lo más terrible que puede ocurrirle en la vida es no comprender algo que esté sucediendo alrededor suyo, por eso averigua, inquiere e investiga hasta el cansancio. Necesita acumular la mayor cantidad de información posible para saber qué es lo que está sucediendo en profundidad.

Son personas que suelen ser arrogantes, debido a que realmente sienten una alta estima por ellos mismos, consideran que no hay nada más aberrante que no usar toda la capacidad intelectual que uno posee. La inteligencia es uno de los valores que más respeta. En general no son nada cordiales, aunque les encanta tener quien les escuche, pero por la sencilla razón de que piensan que su punto de vista tiene una importancia superlativa y nadie debería perdérselo. Ahora bien, si para lograr esa audiencia tiene que someterse a escuchar conversaciones sin contenido o participar en debates bajo su criterio intranscendentes, prefieren renunciar de antemano.

Y como todo el mundo...los cinco tenemos cosas buenas como la curiosidad, inteligencia, sensibilidad artística, imaginación, capacidad analítica, habilidad manual, paciencia, independencia, pulcritud, intensidad, responsabilidad... y otras muy muy malas como la falta de escrúpulos, exceso de valoración, arrogancia, egoísmo, espíritu vengativo, rencor, intolerancia, frialdad afectiva o la cólera.


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